Roberto Bravo

Roberto Bravo es monitor y socio fundador de AstroAfición.

En el cielo podemos encontrar miles de estrellas brillando, aunque cada una lo hace con diferente intensidad en función de su tamaño, de su “edad” o de su distancia a nosotros. Pero si nos fijamos con detenimiento o las observamos a través del telescopio veremos que, además, las estrellas pueden tener diferentes colores o tonalidades, desde el rojo hasta el azul. Así pues, encontramos estrellas con un intenso tono rojizo como es el caso de Antares, cuyo nombre significa precisamente “el rival de Marte”, puesto que compite con el intenso color del planeta rojo. Pero, ¿por qué tienen diferentes colores? 

El color de las estrellas depende básicamente de la temperatura de su superficie. Así pues, aunque parezca un poco contradictorio, las estrellas azules son las más calientes; y las rojas, las más frías. De esta forma nos encontramos estrellas azuladas como Bellatrix de más de 25.000 K y estrellas rojizas como Betelgeuse que apenas alcanza los 2.000 K. Si recordamos el espectro lumínico, que casi todos hemos visto en el cole de pequeños, entenderemos fácilmente este aparente contrasentido. Del mismo modo que todos sabemos que la luz ultravioleta es mucho más intensa que la infrarroja; el color azulado implica radiaciones más intensas, más energéticas y, por tanto, corresponde a temperaturas mayores.

Además, el color de las estrellas nos da una idea de su edad, así las estrellas más jóvenes son de una tonalidad azulada y las estrellas más viejas tienen la tonalidad rojiza porque ya han consumido casi todo su combustible y, por tanto, se han ido enfriando.

En algunas ocasiones observamos estrellas muy próximas entre sí de colores muy contrastados, como es el caso de  Albireo, en la constelación del Cisne. A simple vista, Albireo parece una estrella simple, pero con un telescopio o unos prismáticos vemos que, en realidad, se trata de dos estrellas, una amarilla (Albireo A) y otra azulada (Albireo B); aunque hay gente que la ve más verdosa o blanquecina. Pero sin duda es una de las dobles más bonitas y fáciles de observar!

Albireo A y Albireo B

El caso de Sirio, o de cómo la atmósfera nos juega una mala pasada

Son muchos los clientes, amigos y compañeros que nos han preguntado por el pecualiar brillo de Sirio. Este estrella es una de las estrellas más brillantes del hemisferio Norte y cuando se encuentra muy cerca del horizonte  parece brillar en todos los colores, como si de unas luces de fiesta se tratase. Este fenómeno no es ni mucho menos producido por la estrella sino por algo mucho más cercano, nuestra atmósfera. Las diferentes capas de aire a diferentes temperaturas de nuestra atmósfera provoca que el camino que recorre la luz proveniente de las estrellas no siga un camino recto, sino que se refracte una y otra vez según atraviesa nuestra atmósfera; esto es lo que los aficionados a la astronomía conocemos como turbulencia atmosférica y hace que las estrellas “titilen”. Seguro que alguna vez te has fijado en ese contoneo frenético de las estrellas, ese titileo, ese “parpadeo”, que resulta ser más intenso según miramos más cerca del horizonte (cuanto más cerca del horizonte está un astro, más cantidad de atmósfera tiene que recorrer su luz para llegar a nosotros y más se ve afectada por las turbulencias). Pues bien, en el caso de Sirio, al ser mucho más brillante el efecto es más llamativo. Así pues, en noches poco estables y cuando se encuentra cerca del horizonte, esta turbulencia hace que la estrella parezca no estarse quita y vemos como si brillara con distintas tonalidades. Un efecto natural y cotidiano que no tiene nada que ver con las estrellas y que también afecta a la calidad de las observaciones y de las astrofotografías.

Durante todo el mes de marzo podremos observar cinco planetas en el cielo nocturno. Es un espectáculo extraordinario puesto que sólo se pueden ver cinco planetas a simple vista y, durante este mes, podremos verlos todos prácticamente al mismo tiempo. Vayamos uno a uno, viendo sus características y su posición el el cielo:

Simulación planetas al atardecer

Mercurio

Mercurio es uno de los planetas más escurridizos. Siempre anda muy cerca del Sol, lo que hace que sea muy difícil observarlo entre las luces del amanecer o del atardecer. Sin embargo, nuestro escurridizo amigo alcanza su máxima elongación Este el día 5 de marzo. Es en este momento cuando el planeta se encuentra más alejado del Sol y, por tanto, resultará más fácil encontrarlo. Aunque no sin dificultad, podremos ver a Mercurio brillando con magnitud -0,4 sobre el horizonte Oeste poco después de ocultarse el Sol, a un máximo de 18º de altura sobre el horizonte. Hacia finales de mes dejará de ser visible.

Venus

Venus, por su parte, es el más fácil de observar. Lo encontraremos al atardecer a gran altura sobre el horizonte Oeste y durante este mes alcanzará magnitud -4.0, convirtiéndose en el astro más brillante del cielo, sólo por detrás del Sol y la Luna. A finales de mes, el día 27, alcanzará su máxima elongación Este, situándose a unos llamativos 46º del Sol.

Júpiter

Por su parte, Júpiter, que nos ha acompañado durante todo el invierno, va perdiendo su espacio en el cielo y se dirige irremediablemente hacia su conjunción inferior (momento en el que Júpiter se encontrará a espaldas del Sol, por lo que dejará de ser visible). Lo encontraremos  fácilmente al atardecer sobre el horizonte Oeste con un brillo de -1.7. Se encontrará cerca de Venus pero su brillo será bastante inferior, no los confundáis.

Marte

El planeta rojo se puede observar desde primeras horas de la noche sobre el horizonte Este, inmerso en la constelación de Leo. Hace escasos días, el 3 de marzo, alcanzaba una magnitud de -1.0 durante su oposición, el mejor momento para verlo ya que se encuentra a la distancia más cercana a la Tierra. Aunque no es de los más brillantes, su brillo rojizo hace inconfundible al planeta.

Saturno


Por último, para ver a Saturno tendremos que
esperar casi hasta media noche, cuando el planeta de los anillos aparecerá por el horizonte Este con una magnitud no muy llamativa de 0.5.

Si te quedan dudas o no consigues encontrarlos, te recomendamos que recurras a algún planetario virtual.

¡Más fechas señaladas!

Además, durante todo el mes podremos observar diferentes conjunciones, momentos en los que varios de los planetas se encontrarán muy cerca unos de otros.

La primera de ellas ocurrió a finales de febrero y pudimos ver muy cerca a Júpiter, Venus y la Luna. En esta foto que sacamos incluso se podían ver los satélites de Júpiter. Pero la más espectacular será la del próximo día 12 de marzo, cuando Venus y Júpiter se encontrarán a tan sólo 3º!!! Es una distancia tan corta que con sólo dos dedos de la mano estirada podremos taparlos. Sin duda, vale la pena observarlo y sacar alguna foto para el recuerdo.

Por último, a finales de mes, la Luna se sumará al espectáculo, situándose muy cerca de nuestros protagonistas Júpiter y Saturno el día 26 de marzo.

Si te apetece aprender a fotografiar la Luna, Júpiter, Marte, Venus y Saturno te recordamos que en los próximos días organizamos un curso de fotografía planetaria y lunar en Madrid. ¡Anímate! No es necesaria experiencia previa,  te enseñaremos desde el principio.

Hoy en día podemos encontrar en internet multitud de programas astronómicos que nos servirán no sólo a mover el telescopio desde el ordenador o perfeccionar nuestras técnicas de fotografía, sino que nos ayudarán a aprender astronomía. Pero además de aprender cómodamente desde nuestro ordenador nos resultarán muy útiles cuando salgamos al campo a observar. Estamos hablando de los Planetarios Virtuales. Existen gran cantidad de planetarios virtuales y no hay dos iguales, cada uno tiene su peculiaridad. Algunos de los más conocidos son:

- Stellarium. Es un programa gratuito multiplataforma de código abierto, capaz de mostrar el cielo tal como se vería a simple vista, con binoculares o telescopio. Además, nos permite avanzar o retroceder en el tiempo y contemplar el cielo tal como se veía hace miles de años o cómo se verá dentro de miles de años. Con una interfaz sencilla y muy atractiva, este programa resulta imprescindible para todos los que quieran sumergirse en el mundo de la astronomía. Con él podemos aprender a reconocer las estrellas, los planetas y las constelaciones y descubrir dónde se encuentran nebulosas, galaxias y cúmulos. Pero no se queda ahí, también nos muestra los tránsitos de las lunas de Júpiter y se le pueden incorporar las trayectorias de algunos satélites. También ofrece la posibilidad de controlar el telescopio a través de ASCOM pero eso ya merece otro artículo.

Página oficial: http://www.stellarium.org/es/

- Cartes du Ciel. Es un programa gratuito de código abierto para Linux y Windows. Como el anterior, es un programa de planetario muy completo, quizá algo más completo en cuanto a utilidades prácticas pero menos atractivo visualmente y mucho más complicado de manejar. Consta de un mayor número de catálogos estelares y más opciones relacionadas con el control del telescopio a través de ASCOM. Además, tiene la opción de visualizar el campo de visión de hasta 10 oculares, lo que permite preparar al detalle nuestras observaciones y nos facilita la elección de oculares a la hora de observar un determinado objeto. También muestra la posición de planetas, asteroides y cometas.

Página web: http://www.ap-i.net/skychart/

- Celestia. Programa gratuito multiplataforma. A diferencia de los anteriores, Celestia propone un más que interesante viaje por el universo en tres dimensiones tanto para los más aficionados a la astronomía como para aquellos que no lo son tanto. El programa simula el espacio desde cualquier planetas de nuestro Sistema Solar o incluso más allá. Con él podrás realizar viajes entre planetas y observar el cielo desde una perspectiva diferente. Entre las principales características de Celestia destaca el zoom exponencial para facilitar el transporte de un lugar a otro, simulación de vuelo real a varias velocidades, función de localización automática, etc. Un programa muy entretenido e ilustrativo, aunque poco útil para aprender a conocer nuestro cielo.

Página oficial (inglés): http://www.shatters.net/celestia/

- Google Sky. Programa similar a Google Earth que te permite recorrer el espacio y visualizar imágenes de estrellas, nebulosas, galaxias, etc… Con la nueva versión no hace falta instalar ningún programa y puedes disfrutar de él directamente desde la web. Esta herramienta combina fotografías de satélites y telescopios con el potente motor de búsqueda de Google. Una buena oportunidad para dar un paseo por el espacio, eso sí, más vale que tengas una buena conexión a internet.

Página oficial: http://www.google.com/intl/es_es/sky/

Todos estas herramientas son gratuitas para el ordenador aunque también existen planetarios de pago como el famoso Starry Night. Y tú, ¿conoces algún otro? ¿los has probado ya?

Si lo que te interesa es tenerlo en el móvil, mira estas apps para android y para iphone.

Seguro que alguna vez te has percatado de que, cuando la parte iluminada de la Luna es muy pequeña (en sus primeros días de fase creciente o los últimos de menguante), se puede ver la silueta de nuestro satélite en su totalidad. Parece lógico pensar que, si la Luna no emite luz sino que sólo refleja la luz procedente del Sol, cualquier zona que no esté iluminada por el Sol no debería verse puesto que se encontraría a oscuras. Entonces, ¿por qué algunas noches vemos su silueta débilmente iluminada?

Esta luz que nos permite ver el cuerpo de la Luna se denomina luz cenicienta (por su color ceniza) y es la luz que refleja la Tierra. Con este simple gráfico se entiende a la perfección.

Curiosidades

1. A la capacidad para reflejar la luz recibida se le denomina albedo. Y hay que tener en cuenta que el albedo de la Tierra varía con las estaciones, las nubes, el mar o la nieve tienen niveles de reflexión muy distintos que se traducen en una mayor o menor intensidad de la luz cenicienta según el momento.

2. En inglés, a la luz cenicienta se le denomina “earth shine” (brillo de la Tierra). Le quitan el encanto desde el primer momento…

Foto: Paco Bellido

3. Y, si lo piensas bien, aquí sucede exactamente lo mismo que en la Luna. Durante la noche, la Luna llena emite tanta luz que, desde la oscuridad del campo, se puede ver con relativa facilidad e incluso se puede llegar a leer algunos textos. Por tanto, al contrario se producirá el mismo efecto pero con mucha mayor intensidad, puesto que la luz que refleja la Tierra es mucho mayor que la que refleja la Luna. Así pues, un supuesto selenita  (habitante lunar) que se encuentre en plena noche lunar recibirá gran cantidad de luz procedente del reflejo de la Tierra, haciendo que las noches no sean tan oscuras como, en un principio, todos suponíamos.

4. En los eclipses totales de Sol también sucede ésto y da lugar a imágenes tan espectaculares como ésta.

5. Aunque es un hecho que la mayoría de la gente conoce, es poca la que sabe el motivo. Y es que la respuesta no es nada fácil de averiguar y no fue hasta el siglo XVI cuando se dio con la solución de este enigma. ¿Tú ya lo sabías?

Estas noches el cielo nos está regalando espectaculares momentos al atardecer. Es un buen momento para sacar unas fotos y no hemos dejado pasar la oportunidad. Hace escasos minutos hemos sacado esta fotografía de la conjunción Júpiter – Luna – Venus de esta noche. De un primer vistazo se ve claramente a Júpiter -arriba a la izquierda- a la Luna y su luz cenicienta -en el centro- y a Venus -abajo a la derecha-. Pero si nos detenemos a observar la foto y nos fijamos en Júpiter veremos… ¡tres de sus lunas! La primera es fácil de ver. Calisto se encuentra bastante alejada en la parte de arriba, dentro de una de las espículas provocadas por el diafragma de la cámara. La segunda es algo más complicada. Ío se encuentra sobre la misma espícula pero mucho más cerca del planeta. Y por último (y esta es de nota), en la parte de abajo se intuye a Europa, muy pegada al planeta entre la espícula opuesta a la que estábamos mirando y la de su izquierda. No parece más que un grano en el planeta pero ahí está.

Conjunción Júpiter-Luna-Venus y tres de las lunas de Júpiter

La foto es realmente sencilla de hacer. Bastó con poner la cámara sobre el trípode, ajustar un par de parámetros y disparar varias fotos buscando el mejor enfoque posible sin que las espículas tapasen las lunas. El equipo utilizado ha sido una Canon 60D con un 50mm f1,4 sobre un trípode. Los datos: 1”, f4, ISO 640

Desde finales de febrero podemos contemplar un espectáculo astronómico al anochecer, que resulta fácil de ver incluso desde la ciudad. Los planetas más brillantes del Sistema Solar, Venus y Júpiter se están acercando lentamente en el cielo vespertino.

Mirando hacia el Oeste el 26 de febrero 2012

Sal a la calle y mira hacia el Oeste al atardecer. Verás los dos puntos más brillantes del cielo acercándose poco a poco. El espectáculo ya está garantizado pero permanece atento al próximo 12 de marzo, porque llegarán a estar a tan sólo 3º de distancia! ¡Eso quiere decir que los podremos tapar con sólo 2 dedos de nuestra mano extendida! Según disminuye la distancia entre ellos la imagen va siendo más y más bella. ¡No te lo puedes perder!

Pero eso no es todo… Además, el próximo 25 y 26 de febrero, una delgada Luna creciente se situará muy cerca de ambos, convirtiéndose en la otra gran protagonista del cielo. No lo dudes, y ¡sal a verlo! Y si sacas alguna foto, recuerda que puedes enviárnoslas a info@astroaficion.com y la publicaremos en nuestro facebook.

Si, además, tienes la suerte de tener buena vista y un horizonte Oeste limpio y despejado podrás ver también a Mercurio, un débil punto luminoso. Y, para terminar, si das la vuelta y miras hacia el Este podrás ver el resto de planetas que son visibles a simple vista. Marte saldrá a eso de las 20h y Saturno casi a media noche. ¡Qué lo disfrutéis!

Todos hemos oído hablar en alguna ocasión de las constelaciones más conocidas. Nombres como la Osa Mayor, Orión, Casiopea no nos son desconocidos, al igual que las famosas constelaciones zodiacales como Tauro, Sagitario, Escorpio, etc. Pero… ¿sabemos, en realidad, qué son las constelaciones? 

Antiguamente, una constelación era un grupo de estrellas unidas por líneas imaginarias que formaban una figura, normalmente un animal o personaje mitológico. Sin embargo, si somos estrictos, las constelaciones son algo más que eso. En 1927, la UAI (Unión Astronómica Internacional) dividió la esfera celeste en 88 sectores, y todas las estrellas que se encuentran dentro forman parte de esos sectores, denominados constelaciones. Aún así, los aficionados a la astronomía seguimos hablando de esas peculiares formas imaginarias y explicándoselas a los recién llegados.

Si vamos un poco más allá, descubriremos que las estrellas que forman estas figuras no están necesariamente relacionadas entre sí, pudiendo encontrarse a enormes distancias unas de otras. Simplemente, desde nuestra posición, y por una mera cuestión de perspectiva, las estrellas adquieren esas peculiares formas. Con la imagen se entenderá mucho mejor lo que estamos intentando explicar.

Diferentes culturas, diferentes constelaciones

Antes hemos mencionado algunos nombres de constelaciones, ¿se te pasan algunos otros por la cabeza? Venga, date un par de segundos y piensa en algunos… Depende de qué país seas y en qué hemisferio te encuentres, habrás mencionado unos u otros. Aquí, en España (y en general en Europa), tenemos una fuerte influencia del mundo griego y romano, pero también tenemos una importante influencia árabe y mesopotámica. Esto hace que “nuestras” constelaciones reciban nombres como los que hemos mencionado, mientras que en otras culturas y países estos nombres son diferentes e incluso las figuras pueden ser completamente distintos. Así pues, lo que aquí es la Osa Mayor, en EEUU es “el gran cazo” (the big dipper) y en la cultura asiática recibe el nombre de “el funcionario”, que representa a un alto gobernante sentado y a sus fieles caminando hacia él. El carro, el arado, la pata de buey, y un sinfín de nombres.

Constelaciones Zodiacales

Existen unas constelaciones muy conocidas que reciben el nombre de constelaciones zodiacales. El Zodiaco es la franja del cielo que se extiende ocho grados a ambos lados de la eclíptica (la eclíptica es la línea imaginaria que recorre el sol en un año) y proviene de la cultura griega y babilónica. Estas civilizaciones dividieron ese segmento de cielo en doce partes iguales, que se corresponden con las tradicionales constelaciones zodiacales. Estas constelaciones siguen siendo utilizadas en esa pseudo ciencia que es la astrología, aunque el cielo ha cambiado tanto a lo largo de miles de años que, a día de hoy, el Zodiaco estaría formado por 13 constelaciones. Esta constelación extra sería Ofiuco (el encantador de serpientes) y serían 14 si contásemos la constelación de la serpiente que lleva Ofiuco a su alrededor.

Por último, resulta evidente que para poder identificar correctamente las constelaciones es necesario poder ver las estrellas que conforman las figuras, por lo que es recomendable alejarse de las luces urbanas, aunque no es recomendable hacerlo desde un cielo muy oscuro puesto que la inmensa cantidad de estrellas visibles dificultará la tarea. Ayúdate de un planisferio o de alguna app para Iphone o Android. Encontrar constelaciones es un estímulo para cualquier principiante y resulta imprescindible para orientarse en el cielo.

En el colegio, en libros, en imágenes, estamos acostumbrados a ver representado nuestro Sistema Solar de una forma más o menos realista (más bien menos) y más o menos correcta (más bien incorrecta). Nos hablan de su composición, de sus características, de sus colores, de su situación en el espacio y de sus tamaños y distancias… pero, ¿os habéis parado a pensar despacio en esos tremendos números?  Estamos acostumbrados a manejar cifras pequeñas. Hablamos de centímetros, metros o kilómetros; minutos, horas, días, meses o años, pero en astronomía vemos unos números tremendamente grandes en espacio y tiempo, que se escapan de nuestra comprensión y nos resultan difíciles de imaginar. Por ello, vamos a recurrir a una escala que podamos manejar para poder comprender mejor el tamaño de nuestro Sistema Solar.

Empecemos. Toma una pelota de tenis y una canica: la pelota de tenis representará la Tierra y la canica la Luna. Sitúa nuestra peculiar “Tierra” en el suelo y coloca la “Luna” a la distancia que supones debe encontrarse, teniendo en cuanta la escala que hemos empleado. Bien, espero que seas un buen astrónomo y tu cálculo haya situado a nuestra Luna como debe ser, es decir, a unos dos metros de distancia (!). ¿No lo has hecho bien? No te preocupes, no conozco a nadie que lo haya acertado a la primera. Lo más difícil viene ahora porque el Sol (que tendríamos que representar como una esfera del tamaño de un camión), tenemos que colocarlo a ¡casi un kilómetro de distancia!

Estamos acostumbrados a ver imágenes como estas, pero sólo son representaciones gráficas. No están a escala, ni en tamaño ni en distancia.

Si fueras andando hasta ese camión, durante el trayecto encontrarías a Venus, otra pelota de tenis y a Mercurio, una canica un poco más gorda. En cambio, si caminaras en dirección contraria te encontrarías con Marte, una pelota de golf, y con cuatro enormes balones de playa, los planetas gigantes: Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. Y, por fin, llegarías al cinturón de Kuiper, donde se encuentra Plutón y otros cuantos planetas enanos. Pero cuando llegases, ¡habrías recorrido 29 kilómetros y medio! (a 5km por hora, ¡llevarías unas 6 horas caminando!).

Sin embargo, recuerda que el camión representa nuestro Sol. Pero para llegar a la siguiente estrella más cercana, Próxima Centauri, una enana roja que representaríamos como una esfera del tamaño de una furgoneta, tendríamos que caminar unos 198.000 kilómetros, es decir, casi cinco vueltas completas a la Tierra. ¿Sorprendido? Pues la cosa no termina ahí. En nuestra galaxia existen unos 200.000 millones de estrellas, muchas de las cuales se cree que poseen sistemas solares similares al nuestro, y se estima que existen más de 100.000 millones de galaxias en el Universo. Datos y más datos que, a poco que reflexionemos, nos parecerán incomprensibles… Pero no olvides que todas las estrellas que observas en el cielo pertenecen a nuestra galaxia, la Vía Láctea y, aunque son asombrosamente grandes, están tan lejos que sólo vemos esos miles de “puntitos luminosos”.

Y, para terminar, os dejamos este ya famoso vídeo sobre el tamaño de los planetas y de algunas estrellas.

A lo largo de los años hemos comprobado que hay un problema recurrente entre todos los aficionados que se compran su primer telescopio. Más allá de los problemas que puedan surgir con el montaje del telescopio, siempre hay una pieza que les sobra y no saben qué hacer con ella. Se trata de una goma negra circular, que viene enganchada en la pata del buscador y que en las instrucciones no pone qué hay que hacer con ella. Es una pieza que puede parecer absurda pero que tiene su función, y es una función importante. Ahora bien, hace unos días explicamos todo lo necesario sobre buscadores y ahora vamos a ver cómo montar un buscador óptico (un 6×30 en este caso) en cuatro sencillos pasos y para qué es esa maldita goma negra.

1. Piezas

Saca las piezas de la caja. Verás que tienes por un lado el tubo óptico y por otro el soporte con la correspondiente gomita.

2. La goma negra

Aquí está el único secreto en el montaje del buscador! Coloca la goma en la hendidura que encontrarás hacia la mitad del tubo óptico.

3. El soporte

Monta el buscador en el soporte. Colócalo metiendo la parte más fina del tubo primero hasta que la goma haga presión contra la boca del soporte. Esta goma hará que el buscador no tiemble durante las observaciones y se mantenga alineado.

4. El telescopio

Colócalo en la zapata que encontrarás en el telescopio y fíjala apretando el tornillo con la mano. Esta zapata (tipo vixen) la encontrarás en casi cualquier telescopio y te valdrá para casi cualquier otro buscador.

¡Y ya está! No tiene ningún misterio. Ten presente que la goma se desgasta rápidamente y es probable que se rompa al cabo de un tiempo. No te preocupes, en cualquier ferretería encontrarás algo similar.

En otra ocasión os hablábamos de los tipos de telescopios y de los tipos de monturas que existen pero no comentamos nada sobre otra pieza fundamental a la hora de usar un telescopio, su buscador. No conseguiremos ver nada con el mejor telescopio del mundo sin un buen buscador. Como el propio nombre indica, el buscador es un accesorio que nos ayudará a encontrar los objetos celestes de forma fácil. Existen básicamente dos tipos: buscadores ópticos y los llamados buscadores de punto rojo (“red dot” en inglés).

Diversos buscadores para un telescopio

Buscadores ópticos

Son, en realidad, pequeños telescopios que se sitúan encima del tubo principal y que ofrecen un campo mucho más amplio que éste, lo que facilita la búsqueda de objetos. Llevan una cruceta marcada en la lente, lo que nos permite situar justo el objeto en el centro del campo. En algunos modelos esta cruceta puede iluminarse, lo cual es útil si estamos usando el telescopio en cielos absolutamente oscuros, ya que nos será difícil ver los hilos negros que la forman en total oscuridad.

Buscadores 6x30 y 8x50 rectos

Existen varios tamaños para estos buscadores: los más comunes, que vienen con la mayoría de telescopios de iniciación, son los 6×30 (recordemos: el 6 es el número de aumentos, y el 30 es el diámetro de la lente en milímetros); luego encontramos los 8×50 (o sus versiones similares 7×50 o 9×50), algo más grandes y más luminosos, un poquito más pesados y mucho más útiles a la hora de encontrar objetos. Y es que, si intentamos localizar una débil galaxia con un 6×30 es probable que no la puedas llegar a ver pero con un 8×50 sí. También podréis ver, en ocasiones, buscadores 6×24 o similares, que suelen acompañar a telescopios muy básicos que son más bien telescopios de juguete. Si ves un telescopios que venga con un 6×24, ¡huye!

Dentro de los buscadores ópticos encontramos dos tipos: los rectos y los acodados. La diferencia fundamental es que los buscadores rectos ofrecen una imagen invertida (lo de arriba, abajo) y los acodados no. En la mayoría de los casos esto no es un problema puesto que en el espacio no existe arriba ni abajo pero hay personas que se defienden mejor con los acodados. La ventaja más importante que ofrecen éstos, es que en telescopios tipo dobson no hace falta adquirir posturas extrañas y dañinas para las dolidas espaldas de los aficionados a la astronomía a la hora de mirar por el buscador.

Buscadores de Punto Rojo

Buscador de punto rojo avanzado

Los buscadores de punto rojo son pequeños aparatos que proyectan un punto rojo sobre un cristal. Estos buscadores no ofrecen aumentos, por lo que -en general- son más imprecisos. En realidad, no siempre proyectan un punto rojo sino que también pueden proyectar una cruz o incluso una serie de círculos graduados como hacen los telrad. Vamos a verlo!

Muchas veces este tipo de buscadores de punto rojo acompañan a los telescopios más sencillos (p.ej. Serie Astromaster de Celestron) aunque también vienen con telescopios bastante más avanzados (p.ej. Serie dobsons LightBridge de Meade). En general es complicado mirar a través de ellos, ya que según donde te coloques, el punto rojo apunta a distintos sitios (cuestiones de paralaje…) y suelen desmotivar y cabrear a los nuevos aficionados que estrenan telescopio. Así pues, a poca gente le resultan cómodos y es de los primeros accesorios a cambiar.

Telrad

En cambio, existe una variante de este tipo de buscadores, los telrad, que sí son muy cómodos y útiles. Estos buscadores proyectan una serie de círculos graduados (de 1/2, 2 y 4 grados de diámetro) que nos ayudarán a encontrar objetos muy débiles usando como referencia otras estrellas que se encuentren a esa distancia, por ejemplo. Estos buscadores son usados como un complemento al buscador óptico, a modo de aproximación. Se fijan al telescopio de forma diferente y son algo difíciles de encontrar en tiendas.

 

Colimar el buscador

Tengamos el buscador que tengamos, es imprescindible calibrarlo para que apunte exactamente al mismo sitio que está apuntando el telescopio (si cada uno apunta donde quiere, no tendría sentido el uso del buscador!). A esto se le llama colimar el buscador y es un proceso muy sencillo, aunque las primeras veces puede llevar unos minutos y es aconsejable hacerlo de día.

En el caso de los buscadores ópticos, vienen con tres tornillos (o dos tornillos y un muelle) que nos permiten regular la presión y, por tanto, la orientación del buscador. Las primeras veces es aconsejable hacer esto de día y apuntando a algún objeto lejano como una torre de alta tensión, el campanario del pueblo, etc. El proceso es lógico y sencillo: primero deberemos mirar por el telescopio y conseguir que apunte a un determinado sitio (cuanto más pequeño y preciso sea lo que hemos elegido, mejor), deberemos frenar la montura para evitar que se mueva e ir moviendo los tornillos mientras miramos por el buscador hasta que veamos lo mismo que por el telescopio. Deberemos colimar el buscador en cada observación, incluso deberíamos revisar la colimación a mitad de la noche. Con la práctica esto se hace en unos segundos y con una estrella cualquiera.

En el caso de los buscadores de punto rojo, tienen diferentes métodos para colimarlo pero la teoría es la misma. Normalmente necesitaremos un destornillador para apretar un tornillo que nos moverá el punto rojo proyectado aunque en algunos se puede hacer con la mano. ¡No olvides llevar pilas de repuesto para estos buscadores!