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Visitamos el Real Observatorio de Madrid

Si una noche despejada cualquiera, desde la Gran Vía de Madrid,  miráramos al cielo, tan solo distinguiríamos una o dos estrellas brillantes. La contaminación lumínica hace que resulte totalmente imposible distinguir los objetos celestes y, por esta misma razón, encontrar un observatorio astronómico en pleno centro de la ciudad es de lo más desconcertante.

Para entenderlo debemos poner un poco de contexto al asunto y aceptar que no siempre fue así. Hubo una época en la que Madrid no era más grande que una pequeña ciudad de provincia y donde la luz eléctrica no había llegado.

HISTORIA DEL OBSERVATORIO

Hablo de finales del s XVIII cuando, por petición del famoso marino Jorge Juan y con la aprobación de rey Carlos III, empezó a construirse el edificio del Real Observatorio de Madrid. El lugar (Dentro del actual Parque del Retiro), no fue escogido al azar. El observatorio se situó en una colina llamada el “Cerrillo de San Blas” (Por una pequeña ermita cercana dedicada a este santo) y por aquel entonces eran las afueras de Madrid. El observatorio entraba así a formar parte de lo que se conocía como el “eje de las ciencias”, por encontrarse junto a la academia de las ciencias (Actual Museo del Prado) y junto al jardín botánico.

El diseño y construcción del edificio, de estilo neoclásico, se encargó sobre el 1785 al famoso arquitecto Juan de Villanueva; nombre por el que actualmente se conoce al observatorio, (El edificio Villanueva).

Fachada principal del Real Observatorio de Madrid

Al observatorio se le dotó de la última tecnología astronómica de la época y se encargó al mismísimo William Herschel la construcción de un telescopio de 25 pies (Unos 7,6 m) de distancia focal y un espejo de 2 pies ( unos 61 cm) de diámetro. Mientras se construía, el personal del observatorio fue enviado a distintos países europeos para aprender a construir instrumentos e instruirse en los últimos avances astronómicos.

El gran telescopio de Herschel, que él mismo catalogó como el mejor que había fabricado, viajó en barco desde Londres hasta Bilbao. Desde allí se trasladó a Madrid en carro y fue montado pieza a pieza. La primera observación la realizó el 15 de agosto de 1804 el rey Carlos IV.

Reproducción basada en los diseños originales de Herschel.

Había grandes planes para el observatorio: se encargaría de estudiar la astronomía, la geodesia, la geofísica y la cartografía (Tarea importantísima en aquel entonces). Sin duda fue un gran hito en el progreso científico de nuestro país pero la historia tenía otros planes para este edificio. Apenas 20 años después de su construcción y solo 4 desde la llegada del telescopio de Herschel, en 1808, las tropas napoleónicas entraron en Madrid y tomaron el edificio. El personal científico se marcho y el observatorio fue usado como centro militar y polvorín. Una de las mayores pérdidas fue, sin duda, el gran telescopio de Herschel. Fue desmontado al completo, la madera se utilizó para hacer hogueras y el hierro se fundió para la construcción de armas.

Actualmente solo se conserva el espejo original del telescopio, pulido por el mismísimo Herschel durante 2 años y fabricado con bronce, estaño y otros metales.  Puede observarse expuesto hoy en día en el observatorio.

Espejo de 2 pies tallado por el propio Herschel. Pieza original.

Tras la guerra, en 1814 el edificio quedó completamente abandonado y en ruinas hasta el reinado de Isabel II. La reina dio un gran impulso a las ciencias y mandó su reconstrucción a Narciso Pascual de Polomer (Arquitecto del Congreso de los Diputados). Las actividades comenzaron en 1845 y finalizaron un año después. Durante el resto del siglo XIX el observatorio vivió grandes progresos iniciándose una etapa de interesantes trabajos astronómicos, geodésicos y meteorológicos así como la participación en proyectos internacionales. En 1845 se instala el meridiano de Repsold, en 1858 el anteojo ecuatorial de Mertz y en 1865 comenzó a denominarse oficialmente como Observatorio Astronómico y Meteorológico.

En 1904 el observatorio se integra en el Instituto Geográfico Nacional (IGN y se convierte en una de sus secciones y en 1912 se instala el gran telescopio ecuatorial de Grubb.

Unos años más tarde la Guerra Civil (1936 – 1939) marcó una nueva etapa en la historia del observatorio. Por suerte el edificio no sufrió daños durante los bombardeos pero quedó completamente abandonado durante de la contienda. Los trabajos se retomaron tras el conflicto hasta 1970, año en el que el crecimiento de la ciudad, las luces, el ollín de los trenes de la cercana estación de Atocha… impedían que los científicos desarrollaran su trabajo. Fue entonces cuando comenzó el desarrollo astronómico por la península construyéndose el Observatorio de Yebes y el Observatorio de Calar Alto.

EL OBSERVATORIO EN LA ACTUALIDAD

Hoy el Real Observatorio Madrid pasa desapercibido en el centro de la ciudad como un edificio pequeño, discreto y escondido entre la vegetación del Parque del Retiro. Aún así no podemos perder de vista su importancia histórica y su valor científico y cultural. 

Hoy el recinto alberga varios edificios destinados a la divulgación de las ciencias y la astronomía.  El edificio Villanueva (El antiguo observatorio) corona el espacio con su elegante estilo y simetría. Alberga una biblioteca con más de 6.000 ejemplares históricos sobre la evolución de nuestras ciencias. Frente a ella, un sala, llamada “Sala del tiempo” guarda una gran colección de conservadores de hora (Instrumentos de medición del tiempo), y en su centro el famoso meridiano de Repsold sorprende cruzando el techo de la habitación de lado a lado.

Péndulo invertido y mediciones obtenidas.

Entre 1882 y 1883 Joaquim Maria de Barraquech y Rovira determinó el valor de la gravedad en la biblioteca del Observatorio.

Habitación del tiempo. Arriba izq, vista general, abajo izq y dcha. telescopio meridiano.

Durante años el control del tiempo de la Villa de Madrid se hizo desde el Real Observatorio, en concreto desde esta sala. Cuando el sol pasaba por el meridiano eran exactamente las 12 del medio día. Desde allí se informaba directamente a RNE, se enviaba por telégrafo al relojero de la puerta del sol y se informaba a instituciones que necesitaban controlar el tiempo con precisión, como los bancos.

Un total de 5 edificios más completan el recinto. En uno de ellos encontramos una réplica a tamaño real del telescopio de Herschel. Se mandó a realizar en 2004 y desde entonces acompaña a los visitantes del observatorio para sorprendernos con su imponente tamaño y estructura.

Vista trasera desde la que se puede observar el buscador óptico y el nivel de horizonte.

El telescopio reposa sobre una estructura de madera que nos recuerda rápidamente a la de un barco de vela. El tubo,de gran tamaño, contaba con un solo espejo que reflejaba la luz directamente al ocular. Se necesitaban como mínimo 4 personas para mover toda la estructura.   Los planos originales del telescopios se encuentran expuestos en la Real Academa de Artes de San Fernando. 

El edificio 4, la sala de las ciencias de la Tierra y el Universo, guarda una importante colección de instrumentos científicos astronómicos, cartográficos y geodésicos.

Telescopio de Grubb.

Telescopio gregoriano diseñado y construido por Martínez y Fernández en Londres, 1790

Buscador de cometas; telescopio con una relación focal corta. Diseñado y construido por Utzscheider y Fraunhofer, Munich, c. 1850

El resto de edificios “El edificio del astrógrafo”, el del “Gran ecuatorial” y el “Edificio del sol” quedan claramente descritos por sus propios nombres.

Hoy en día, además de las visitas guiadas que pueden realizarse al recinto, se realizan desde este espacio investigaciones científicas del IGN y la biblioteca está disponible para aquellos investigadores que deseen consultar sus libros.

FUENTES Y RECURSOS

MI VISITA AL OBSERVATORIO

Hace unos días tuve la oportunidad de visitar el Real Observatorio de Madrid. Me fascinó su historia y me inspiró a escribir este artículo para el cual, permitidme para terminar, que os cuente mi opinión sobre la visita y el espacio.

Sin duda es un edificio que por su localización, escondido tímidamente entre la vegetación de El Retiro, casi nadie conoce pero que merece la pena ir a ver. El edificio Villanueva, que no destaca por su tamaño, lo hace por su historia y la colección de objetos que alberga. Me llamó la atención la biblioteca, que desborda historia por todos sus rincones y te invita a pasar allí horas y horas consultando sus ejemplares.

La joya de la corona es la réplica del telescopio de Herschel. Imponente. Solo si estás allí, mirando su altura y estructura, te das cuenta de la grandeza de quien que lo construyó y los progresos que se hicieron durante años para estudiar el cielo. Aunque sería fascinante que fuera original, a esta réplica no le faltan detalles y podemos conformarnos con le emoción de observar con nuestros propios ojos el espejo original del telescopio.

La visita, de unas dos horas de duración y amenizada por un guía que lo explica todo con todo lujo de detalles, es una experiencia enriquecedora que cualquier astroaficionado debería experimentar. No la recomiendo para niños muy pequeños, pues no van a entender la importancia de aquello que están viendo, pero sí es muy recomendable para adolescentes que complementen sus currículums con una experiencia vital.

Y para terminar quiero hacer mención a un detalle del que aún no he hablado pero que robó la atención de todo el grupo nada más entrar en el espacio. Un elegante péndulo de Foucault  da la bienvenida a los visitantes al entrar en el Edificio Villanueva y con él, justo en ese momento en el que una de sus piezas cae, me despido. Sed felices, nos vemos en las redes.

Tempus Fugit

Texto: Saray de la Hoz.

Fotografías: Mario F. López

Aficionada a la astronomía. Bloguer fundadora de www.elinvernaderocreativo.com y www.holamuybien.es , experta en Marketing y Comunicación Digital en la agencia Vitamina Marketing (www.vitamina.marketing)

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